Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Bueno, pues será mejor que te ocupes de averiguarlo —replicó miss Leigh—. No tengo intención de permitir que Patricia permanezca en el mismo campamento que semejante gente, y tampoco yo me quedaré.
Tarzán se dirigió directamente hacia Patricia Leigh-Burden.
—Quiero que cuides de esta muchacha —le dijo.
—¿Yo? —preguntó Patricia con arrogancia.
—SĂ, tĂş —respondiĂł Ă©l.
—Vamos, vamos —intervino el coronel, con la cara todavĂa medio enjabonada—, ÂżquĂ© significa todo esto, señor?
—Hay una ciudad al sur de donde nos encontramos —explicĂł Tarzán—, una ciudad de buen tamaño, y tienen algunos ritos en los que sacrifican seres humanos; esta muchacha estaba a punto de ser sacrificada, cuando yo he tenido la suerte de poder llevármela. No puede regresar allĂ porque, como es de suponer, la matarĂan; por lo tanto, tendremos que cuidar de ella. Si su sobrina no lo hace, estoy seguro de que Janette lo hará.
—Claro que cuidarĂ© de ella —dijo Patricia—; ÂżquiĂ©n ha dicho que no lo harĂa?
—Ponle algo de ropa —indicó miss Leigh—; esto es sumamente desagradable.
Tarzán la miró con aire de repugnancia.
—Es su mente perversa la que necesita ropa —dijo.