Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Penelope Leigh se quedó con la boca abierta. Permaneció asà y sin decir palabra unos instantes; luego dio media vuelta y entró en su choza pisando fuerte.
—Y digo yo… —intervino Algy—, ¿cómo demonios has conseguido que el elefante te dejara montar en su cabeza? ¿Era uno de esos salvajes machos africanos?
—¿Cómo consigues tú que tus amigos te hagan un favor? —preguntó Tarzán.
—Pero, bueno, yo, verás, no tengo amigos de esa clase.
—Qué lástima —se limitó a decir el hombre mono. Entonces se volvió hacia el coronel—. Debemos tomar todas las precauciones posibles contra cualquier ataque —dijo—; en esa ciudad hay muchos guerreros, y no me cabe duda de que efectuarán una búsqueda de esa muchacha; al final encontrarán nuestro campamento. Por supuesto, no están acostumbrados a las armas de fuego, y si estamos siempre alerta, tenemos poco que temer; pero sugiero que solo se adentren en la jungla grupos muy fuertes.
—Acabo de dar la orden de que nadie penetre en la jungla —replicó el coronel—. El capitán Bolton, el doctor Crouch y mÃster Wright-Smith han sido atacados hoy por uno de sus tigres.