Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Itzl Cha creyĂł que todos ellos debĂan de ser dioses, pero ahora habĂa desaparecido gran parte de su miedo, pues el Señor del Bosque no le habĂa hecho ningĂşn daño, y tampoco los dioses terrenales, asĂ como tampoco se lo habĂa hecho la enorme bestia sobre la cual habĂa sido conducido a travĂ©s de la jungla.
Patricia Leigh-Burden tenĂa una expresiĂłn interrogativa en el rostro y un poco recelosa ante la muchacha que caminaba al lado de Tarzán. Uno de los marineros que trabajaban cerca dijo a otro:
—Este tipo trabaja rápido.
Patricia oyĂł el comentario y apretĂł los labios.
Tarzán fue saludado con un silencio, pero era el silencio de la sorpresa. El coronel estaba ocupado con su esposa, y después ella abrió los ojos:
—¿Dónde está? —susurró—. ¡Esa criatura! Debes echarla del campamento inmediatamente, William, a él y a esa inmoral muchacha que va con él. Los dos juntos no tienen ropa suficiente ni para cubrir decentemente a un bebé. Supongo que se marchó a alguna parte y robó a una mujer, una mujer india.
—Oh, cállate ya, Penelope —dijo el coronel, un poco irritado—; no sabes nada de lo que ha pasado y yo tampoco.