Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¿Quieres decir que aquà hay población nativa? —preguntó el doctor Crouch.
—SÃ, y estamos acampados justo en el lÃmite sudoeste de sus dominios. Nunca me he adentrado lo suficiente en su territorio para ver a ninguno, pero Itzl Cha dice que son canÃbales muy salvajes.
—Qué agradable lugar eligió el destino para abandonarnos en una isla desierta —observó Patricia—, y luego, para hacerlo todo más agradable, tuviste que soltar un montón de leones y tigres.
Tarzán sonrió.
—Al menos no pereceremos de aburrimiento —comentó Janette Laon.
El coronel Leigh, Algy y Bolton se acercaron y luego De Groote se unió al grupo.
—Algunos de los hombres acaban de venir a mà —dijo el holandés— y querÃan preguntarle, coronel, si podrÃan intentar desguazar el Saigón y construir un bote para salir de aquÃ. Me han dicho que prefieren arriesgarse a morir en el mar que pasar aquà el resto de su vida.
—No puedo reprochárselo —dijo el coronel—. ¿Qué piensa usted de ello, Bolton?
—PodrÃa hacerse —respondió el capitán.
—En cualquier caso, les mantendrá ocupados —añadió el coronel—, y si estuvieran haciendo algo que quieren hacer, no estarÃan todo el tiempo quejándose.