Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Espera a que organice a mis gloriosos revolucionarios —exclamó Oubanovitch—, entonces no dirás lo mismo; entonces será el «camarada Oubanovitch eso», y el «camarada Oubanovitch aquello». Ahora voy a ver a mis camaradas que se han alzado con todo su poder y se arrancarán el yugo del capitalismo de sus cuellos.
Echó a andar jubiloso hacia el campamento de los lascares.
—¡Camaradas! —gritó—. Enhorabuena por vuestra gloriosa hazaña. He venido para dirigiros a victorias mayores. Marcharemos al campamento de los capitalistas que nos echaron. Los liquidaremos, y cogeremos todas sus armas y su munición y todas sus provisiones.
Quince hombres ceñudos le miraron en silencio unos instantes; luego, uno de ellos dijo:
—Vete.
—¡Pero…! —exclamó Oubanovitch—, he venido para unirme a vosotros; juntos iremos a la gloriosa…
—Vete —repitió el lascar.
Oubanovitch vaciló hasta que varios de los hombres empezaron a acercarse a él; entonces, dio media vuelta y regresó al otro campamento.
—Bueno, camarada —le recibió Schmidt, con una sonrisa irónica—, ¿ha terminado la revolución?
—Son unos estúpidos —respondió Oubanovitch.