Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Patricia reconoció de inmediato a aquellos hombres, no solo por las descripciones que le habían hecho Itzl Cha y Tarzán, sino también porque había leído mucho respecto a la antigua civilización maya. Estaba tan familiarizada con su civilización, su religión y su cultura como su intensa investigación de muchas expediciones arqueológicas le había permitido conocer. Le parecía que de pronto había retrocedido siglos hasta un pasado muerto, al que pertenecían aquellos hombrecillos morenos. Sabía lo que su captura significaba para ella, pues conocía el destino de los prisioneros mayas. Su única esperanza residía en la posibilidad de que los hombres de su grupo pudieran rescatarla, y esa esperanza era fuerte porque tenía fe en Tarzán.
—¿Qué vais a hacer conmigo? —preguntó en el escaso maya que había aprendido con Itzl Cha.
—Eso tiene que decidirlo Cit Coh Xiu —respondió el hombre—. Te enviaré a Chichén Itzá, al palacio del rey; después, él dará órdenes de que cuatro de sus guerreros lleven a la prisionera a Cit Coh Xiu.
Mientras Patricia era conducida a su destino, Xatl Din y los guerreros restantes prosiguieron en dirección al Campamento Saigón. El noble estaba muy satisfecho consigo mismo. Aunque no consiguiera llevar a Itzl Cha de vuelta a Chichén Itzá, al menos había proporcionado otro sacrificio en su lugar, y sin duda sería alabado por el rey y por el sumo sacerdote.