Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos * * *
El coronel Leigh y sus compañeros siguieron, en gran parte por casualidad, el mismo sendero por el que Patricia habĂa ido. Ascendieron al saliente que daba la vuelta al lomo de la montaña; y, aunque estaban muy cansados, siguieron adelante casi a la carrera. Su progreso era ruidoso y no tomaban precauciones, pues el Ăşnico pensamiento que les impulsaba era encontrar a Patricia lo antes posible; y cuando de pronto se tropezaron con una banda de guerreros emplumados, el hecho les pillĂł totalmente por sorpresa. Con salvajes gritos de guerra, los mayas atacaron lanzando piedras con sus hondas.
—¡Fuego a sus cabezas! —ordenó el coronel.
El aterrador ruido detuvo momentáneamente a los mayas, pero cuando Xatl Din se dio cuenta de que solo era ruido y que ninguno de sus hombres habĂa resultado herido, les ordenĂł que cargaran otra vez; y una vez más, sus espantosos gritos de guerra resonaron en los oĂdos de los blancos.
—¡Disparen a matar! —ordenó el coronel—; tenemos que detener a esos tipos antes de que nos alcancen con sus espadas.
Los rifles volvieron a sonar, y cayeron cuatro guerreros. Los otros vacilaron, pero Xatl Din les instĂł a proseguir.