Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Habla la lengua de los mayas —dijo al sumo sacerdote.
—No muy bien —comentó Chal Yip Xiu.
—Los dioses hablan su propia lengua —dijo Patricia—; les sirve de poco el lenguaje de los mortales.
—¿Puede ser que se trate de una diosa? —preguntó el rey.
—Soy la compañera de Che, Señor del Bosque —anunció Patricia—. Él está ya muy enojado con vosotros por el modo en que le tratasteis cuando vino a Chichén Itzá. Si sois sensatos, me dejaréis regresar con él. Si no, sin duda alguna os destruirá.
El rey se rascĂł la cabeza y mirĂł al sumo sacerdote con aire interrogador.
—Bueno —dijo—, tĂş deberĂas saberlo todo sobre los dioses, Chal Yip Xiu; Âżera realmente Che, Señor del Bosque, el que vino a ChichĂ©n Itzá? ÂżEra un dios el que metiste en una caja de madera? ÂżEra un dios el que robĂł la ofrenda del altar del sacrificio?
—No lo era —espetó el sumo sacerdote—; no era más que un mortal.
—No obstante, no debemos precipitarnos —dijo el rey—. Puedes retener a la muchacha temporalmente; que la lleven al Templo de las VĂrgenes y ocĂşpate de que la traten bien.