Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Patricia se quedó parada en la columnata del templo y contempló la ciudad de Chichén Itzá. Vio sus palacios y templos agrupados al pie de la pirámide rodeándola y las chozas de techo de paja del pueblo común más allá de la muralla, y detrás de estas los campos que se extendían hasta la linde de la jungla; y se imaginó que había retrocedido muchos siglos en el tiempo hasta el antiguo Yucatán.

* * *

Mientras Tarzán observaba a través de la vegetación de la jungla que le ocultaba, se dio cuenta de la inutilidad de intentar salir al claro y hacer frente a cuatro hombres fuertemente armados, mientras que él solo llevaba un arco. Pero Tarzán tenía recursos propios, y estaba seguro de que podría rescatar a Janette de aquellos hombres sin necesidad de arriesgar su vida innecesariamente.

Esperó hasta que se hubieron acercado más y los lascares hubieron dejado sus cargas; luego, puso una flecha en su arco y, tras doblar este hasta que la punta de la flecha volvió a descansar contra su pulgar izquierdo, apuntó con cuidado. La cuerda del arco produjo un sonido agudo; y, un instante después, Krause lanzó un grito y cayó de bruces, con una flecha clavada en el corazón.

Los demás miraron alrededor consternados.


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