Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¿Qué ha ocurrido? —preguntó Oubanovitch—; ¿qué le ha pasado a Krause?
—Está muerto —dijo Schmidt—; alguien le ha disparado con un arco.
—El hombre mono —intervino Abdullah Abu Néjm—; ¿quién si no él habrÃa podido hacerlo?
—¿Dónde está? —preguntó Schmidt.
—Aquà estoy —respondió Tarzán—, y tengo muchas más flechas. DirÃgete hacia mi voz, Janette, y entra en la jungla; y si alguien intenta detenerte, recibirá lo mismo que Krause.
Jane se apresuró a encaminarse hacia la jungla, y ninguna mano se alzó para detenerla.
—¡Maldito salvaje! —exclamó Schmidt, y entonces prorrumpió en un torrente de obscenidades—. ¡Lo cogeré! ¡Lo cogeré! —gritó, y, alzando su rifle, disparó hacia la jungla en la dirección de la que proviniera la voz de Tarzán.
De nuevo sonó la cuerda del arco; y Schmidt, aferrando una flecha que tenÃa clavada en el pecho, cayó de rodillas y luego rodó y se quedó de costado, justo cuando Janette entraba en la jungla, y Tarzán saltó al suelo a su lado.
—¿Qué ha ocurrido en el campamento? —preguntó él, y ella se lo contó brevemente.