Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos En el interior del Templo de las Vírgenes, justo al entrar, una docena de guerreros se escondían en las sombras mientras Tarzán subía los escalones para llegar a la cima. Fuera del templo se detuvo y aguzó el oído; entonces dio la vuelta para ponerse a sotavento, de modo que la brisa que soplaba transportara a su sensible olfato la información que deseaba.
Permaneció allí unos instantes; y luego, satisfecho, dio la vuelta con cautela hasta la entrada. En el umbral se detuvo de nuevo y escuchó; luego entró, y en cuanto lo hizo le arrojaron una red y la tensaron, y una docena de guerreros cayó sobre él y lo enredaron tanto en ella que Tarzán quedó indefenso.
Un sacerdote salió del templo y se llevó una trompeta a los labios, y lanzó tres largos trompetazos. Como por arte de magia, la ciudad despertó, aparecieron luces y la gente acudía como un torrente hacia la pirámide del templo.
Bajaron a Tarzán por el largo tramo de escalones y, abajo, le rodearon sacerdotes ataviados con largas capas bordadas y espléndidos tocados. Después trajeron a Patricia. Con una vanguardia de trompetas y tambores, Cit Coh Xiu, el rey, y Chal Yip Xiu, el sumo sacerdote, encabezaban una procesión que recorrió la ciudad y salió por la puerta del este.