Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Mullargan masculló una plegaria que apenas recordaba. El hechicero se puso a danzar alrededor de ellos, agitando la cola de cebra sobre ellos y murmurando su galimatías ritual. De pronto saltó cerca de Mullargan e hizo oscilar su pesado palo sobre el hombre inmovilizado; entonces Mullargan, campeón mundial de los pesos pesados, se liberó de la garra de los guerreros y se puso en pie de un salto. Con toda la fuerza de sus músculos y el peso de su cuerpo, lanzó un golpe tan fuerte a la mandíbula del hechicero como jamás lo había lanzado en ningún cuadrilátero; y el hechicero se desplomó y se desvaneció con la mandíbula rota. Se alzó un grito de rabia salvaje procedente de los guerreros allí reunidos, y un instante después Mullargan fue sumergido bajo una multitud de ellos.
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Los leones se acercaron al borde del arroyuelo y estiraron una garra almohadillada hacia la cabeza de una de las pobres víctimas de los babangos, una mujer. La pobre criatura lanzó un grito de terror, y la leona rugió de un modo horrible y atacó. Los babangos, aterrados, volvieron la mirada hacia la dirección de donde habían venido los ruidos; y entonces el león cargó directamente hacia ellos, haciendo temblar la tierra con sus estruendosos rugidos. Los salvajes dieron media vuelta y huyeron despavoridos, dejando a sus dos víctimas y al hechicero en el camino del carnívoro.