Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Vio que el león se arrojaba al suelo y rodaba sobre el hombre en un frenético esfuerzo por deshacerse de él, pero cuando se puso en pie de nuevo el hombre seguía allí. Puñetazo Único Mullargan había presenciado muchas peleas que habían provocado gritos de aprobación por la fuerza o el valor de los contendientes, pero jamás había visto semejante fuerza y valor como la que estaba demostrando aquel hombre semidesnudo en un combate cuerpo a cuerpo con un león.

La resistencia de un león no es proporcional a su fuerza, y entonces el gran felino empezó a cansarse. Por un momento se quedó quieto sobre las cuatro patas, jadeando; y en aquella primera oportunidad, Tarzán soltó una mano y sacó su cu chillo de caza de su funda. Ante este movimiento el león se giró en redondo e intentó agarrar a su oponente. El cuchillo relució a la luz del fuego y la larga hoja se hundió profundamente detrás del hombro del león. Lanzando un horripilante rugido, la bestia se puso sobre las patas traseras y dio un salto, y de nuevo la hoja se hundió. En un paroxismo de dolor y de rabia, el gran felino dio un salto en el aire. De nuevo el cuchillo se hundió en el costado de la bestia. Tres veces había alcanzado la punta el corazón del león, y al fin este cayó de lado, tuvo unas convulsiones y quedó inmóvil.


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