Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Tarzán saltó al suelo y puso un pie sobre el cuerpo del animal muerto, y alzando el rostro al cielo lanzó el espantoso grito de victoria del simio macho. A Marks las rodillas le cedieron y de súbito se sentó en el suelo. Mullargan notó que se le erizaba el pelo. Los babangos, que habían huido a la jungla para escapar del león, siguieron corriendo para escapar del innombrable horror que les produjo aquel horripilante grito.
—¡Vamos! —ordenó Tarzán. Condujo a los dos hombres hacia la llanura, lejos de la cautividad y de la muerte y de los caníbales.
Al día siguiente, Marks y Mullargan se hallaban en el campamento con Melton. Tarzán y los waziri se estaban preparando para partir en persecución de los babangos, para castigarles y alejarles de aquella zona.
Antes de que el hombre mono se marchara, se enfrentó a los dos estadounidenses.
—Marchaos de África —les ordenó— y no volváis jamás.
—Jamás es demasiado pronto para mí —señaló Mullargan.
—Oiga, señor —dijo Marks—, le garantizo cien de los grandes si vuelve conmigo a Nueva York y pelea para mí.
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