Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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—Muerte hace… uno o dos días —murmuró—. Agujero de bala en la garganta, un poco a la izquierda de la laringe. Bien, esto es extraño. Diría que este hombre fue herido mientras se hallaba en el aire. Vivió lo suficiente para llevar a cabo el aterrizaje. Iba acompañado, también. Pero ellos no le dispararon.

* * *

Tarzán no necesitó una imaginación especial para deducir que el hombre muerto no había estado solo. El suelo que rodeaba el aparato mostraba huellas humanas, no nativas, pues el pie estaba calzado con artículos civilizados. Asimismo, había numerosas colillas y un trozo de papel de celofán.

Pero la deducción de que el piloto no había recibido el disparo de sus compañeros precisó un razonamiento más atento. De entrada, era increíble que hubiera ocurrido de cualquier otro modo; si ellos no le habían disparado, ¿quién lo había hecho? Sin embargo, un disparo de sus compañeros habría tenido que entrar por el lado derecho o por detrás. No obstante, la bala había penetrado en la garganta a la izquierda de la laringe.

A Tarzán se le escapó en voz baja un juramento de la jungla.

—Por imposible que parezca —murmuró—, a este hombre le dispararon en el aire; y no fueron sus compañeros. ¿Quién lo hizo, entonces?


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