Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¡Vuelve con tu manada, Tantor! Pero para que el elefante no se sintiera herido, Tarzán se subió a su lomo, hizo una rápida caricia a Tantor detrás de las orejas, bajó de un salto y se alejó de nuevo por el sendero. Tantor, satisfecho, se marchó avanzando pesadamente para reunirse con su manada, con la trompa elevada todo lo posible.
* * *
Fue Usha, el viento, el que provocó la siguiente interrupción a Tarzán. Usha, que varió ligeramente, transmitió al olfato de Tarzán un olor completamente nuevo, un olor absolutamente diferente de lo que cualquiera hubiera esperado en la vastedad de la jungla africana. Tarzán abandonó el sendero para seguir esta nueva señal.
El olor se hizo enseguida más pronunciado, hasta que al fin reconoció sin duda alguna que era olor a gasolina.
Otro misterio. La gasolina implicaba la presencia del hombre, pero Tarzán no detectaba en la brisa olor a hombre. Aun así, el olor a gasolina era una especie de prueba avanzada de que había estado en lo cierto al suponer la presencia de otro aeroplano.