Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Tarzán no dijo nada, y el askari fue a despertar a los cocineros. Les dijo que había un demonio en el campamento, y cuando miraron y vieron al hombre blanco en cuclillas junto al fuego, también ellos se asustaron intensamente. Todavía se asustaron más cuando el askari les dijo que el demonio le había dicho que había un hombre muerto en el campamento. Despertaron a los otros muchachos, porque en cantidad se tiene una mayor sensación de seguridad.

El capataz de Ramsgate fue a la tienda de su amo y le despertĂł.

—Hay un demonio en el campamento, bwana —dijo—, y dice que aquí hay un hombre muerto. No hay ningún hombre muerto en el campamento, ¿verdad, bwana?

—Claro que no; y tampoco hay demonios. Estaré fuera dentro de un momento.

Ramsgate se vistió con premura y salió unos minutos más tarde. Vio entonces a los hombres formando un apretado grupo, muertos de miedo, mirando hacia el fuego, donde el gigantesco hombre blanco semidesnudo se hallaba acuclillado. Ramsgate se dirigió hacia él y, mientras se aproximaba, el otro hombre se levantó, cortés.

—¿Puedo preguntar —dijo Ramsgate— quién eres y a qué debemos el placer de esta visita? Ramsgate había aprendido la lección de Burton sobre cómo tratar a los extraños.

El otro señaló el fuego.


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