Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Esto es terrible —exclamó Romanoff, sintiendo un escalofrÃo—. ¿Quién puede haberlo hecho?
Trent no dijo nada. Se quedó allà quieto, mirando fijamente el cadáver.
Burton habÃa sido apuñalado por la espalda, le habÃan clavado el cuchillo por debajo del omóplato izquierdo hasta llegar al corazón. TenÃa señales negras y azules en la garganta, lo que demostraba que el asesino le habÃa asfixiado para impedir que gritara.
—Quienquiera que haya hecho esto tiene que ser un hombre muy fuerte —dijo Romanoff. El propio teniente Romanoff era muy fuerte.
Vieron entonces con asombro que el blanco extraño tomaba el mando de la situación.
Tarzán llevó el cadáver al catre y lo cubrió con una manta. Luego se inclinó y examinó las señales en la garganta de Burton. Salió y los demás le siguieron, extasiados y asustados.
Cuando salÃan de la tienda, ante la cual se habÃa congregado prácticamente todos los miembros del safari, Ramsgate vio a su hermana que salÃa de su tienda y se dirigÃa hacia ellos.
—¿Qué sucede? —preguntó—. ¿Qué ha pasado?
Ramsgate se puso a su lado.