Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Creo que tenemos a nuestro hombre —dijo Trent—. Un loco no necesita un motivo para matar.
—MĂster Trent tiene razĂłn —coincidiĂł Gault—. Será mejor que le atemos y nos lo llevemos a Bangali con nosotros.
* * *
Ninguno de aquellos hombres conocĂa a Tarzán. Ninguno de ellos podĂa interpretar la extraña expresiĂłn que de pronto acudiĂł a sus ojos grises. Cuando Gault se acercaba hacia Ă©l, Tarzán retrocediĂł. Entonces Trent sacĂł su pistola y le apuntĂł.
—Haz un movimiento en falso y te mato —amenazó Trent.
Tal vez las intenciones de Trent fueran muy buenas, pero su técnica era errónea. Era culpable, entre otras cosas, de dos errores crasos. Estaba demasiado cerca de Tarzán y no disparó en el instante en que sacó el arma.
Tarzán alargó el brazo y le agarró la muñeca. Trent apretó el gatillo, pero la bala se hundió inofensiva en el suelo. Luego lanzó un grito de angustia y dejó caer el arma cuando el hombre mono aplicó más presión. Todo esto ocurrió muy deprisa, y entonces Tarzán empezó a retroceder sujetando a Trent como escudo frente a él.