Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Nadie se atrevió a disparar por temor a herir a Trent. Gault y Ramsgate avanzaron. Tarzán, sujetando al hombre con una mano, sacó su cuchillo de caza.
—Quédate donde estás —dijo— o le mato.
Su tono era tranquilo y sin inflexión, pero era cortante como un afilado cuchillo. Los dos hombres se detuvieron, y entonces Tarzán retrocedió hacia la jungla que llegaba hasta la linde del campamento.
—¿No vais a hacer nada? —gritó Trent—. ¿Vais a dejar que este loco se me lleve a la jungla y me descuartice?
—¿Qué quieres que hagamos? —gritó Romanoff a nadie en particular.
—No podemos hacer nada —dijo Ramsgate—. Si vamos detrás de él, seguro que matará a Trent. Si no lo hacemos, puede que le deje libre.
—Yo creo que deberÃamos ir tras ellos —dijo Gault, pero nadie se ofreció voluntario, y un instante después Tarzán desapareció en la jungla arrastrando a Trent con él.
El safari sin duda no salió temprano aquella mañana, y mucho antes de que emprendieran el camino Trent salió de la jungla y se reunió con ellos. TodavÃa temblaba de miedo.