Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Repugnante —resopló de nuevo Penelope Leigh, mientras apartaba aquella bazofia. Un momento después, llamaron su atención los rugidos que procedÃan de la jaula contigua; y cuando miró, ahogó un grito, horrorizada—. ¡Mirad! —susurró con voz temblorosa—; esa criatura está rugiendo, y come carne cruda; ¡qué horrible!
—Lo encuentro fascinante —dijo Patricia.
El coronel William Cecil Hugh Percival Leigh gruñó:
—Sucio canalla.
—¡Canalla! —espetó miss Leigh.
Tarzán levantó la mirada a Janette Laon, con aquella sombra de sonrisa asomando a sus labios, y le hizo un guiño.
—¿También entiendes inglés? —le preguntó ella. Tarzán asintió—. ¿Te importa si me divierto un poco con ellos? —prosiguió.
—No —respondió Tarzán—; llega hasta donde quieras.
HabÃan hablado en francés en susurros.
—¿Encuentras apetitoso al capitán? —preguntó en inglés, lo suficientemente alto para que los de la jaula de al lado lo oyeran.
—No es tan bueno como el sueco que nos dieron la semana pasada —respondió Tarzán.