Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos El marinero cogió el billete, se lo miró y se lo metió en su sucio taparrabos.
—No sillas; no alfombras —dijo, y se dirigió hacia la siguiente jaula.
—¡Eh, tú! —gritó el coronel—; ¡vuelve aquí! ¿Quién es el capitán de este barco? Quiero ver al capitán.
—Sahib Schmidt ahora capitán —respondió el lascar—. Capitán Larsen enfermo; no ver en tres, cuatro días; tal vez muerto. —Luego siguió con su tarea y el coronel no hizo ningún esfuerzo para detenerle.
Miss Leigh se estremeció.
—«Era» el capitán —dijo en un susurro ahogado por el horror, su mirada aterrorizada fija en un hueso de la jaula de Tarzán.