Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos LlovĂa a cántaros y el viento silbaba a travĂ©s de las jaulas, arrastrando una mirĂada de puntas de alfiler hasta los que estaban encerrados sin protecciĂłn alguna. El mar empezĂł a agitarse y el SaigĂłn navegaba subiendo y bajando con fuerza; los destellos de los relámpagos iluminaban por un momento el barco y anunciaban el profundo rugir del trueno que seguirĂa, que por unos instantes ahogaba los rugidos y gruñidos y el barritar de las aterrorizadas bestias.
Tarzán permaneciĂł erguido en su jaula disfrutando de la lluvia, el trueno y el rayo. Cada nĂtido destello dejaba ver a los ocupantes de las jaulas contiguas, y durante uno de ellos vio que el inglĂ©s habĂa puesto el abrigo sobre los hombros de su esposa e intentaba proteger su cuerpo de la tormenta con el suyo. La muchacha inglesa permanecĂa de pie, igual que Tarzán, disfrutando al parecer de esta batalla con la tempestad. Fue entonces cuando el hombre mono decidiĂł que le gustaban estas dos cosas.