Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Mucho mejor; en particular los menudillos.
—¿Por qué intentasteis asustarnos? —preguntó la muchacha.
—Tus tĂos no nos dedicaron muchos cumplidos en sus comentarios sobre nosotros.
—Lo sé —aceptó ella—. Lo siento, pero estaban muy alterados. Ha sido una experiencia terrible para ellos. Estoy muy preocupada por ellos; son viejos y no podrán soportar esto mucho tiempo. ¿Qué crees que pretende hacer con nosotros este hombre, Schmidt?
—No se puede saber; ese hombre está loco. Su plan de exhibirnos en BerlĂn es ridĂculo, desde luego. Si nos lleva a BerlĂn, sin duda a los ingleses nos recluirán.
—¿Eres inglés?
—Mis padres eran ingleses.
—Me llamo Burden; Patricia Leigh-Burden —dijo la muchacha—. ¿Puedo preguntarte cómo te llamas tú?
—Tarzán —respondió el hombre mono.
—¿Solo Tarzán?
—Eso es todo.
—¿Te importa contarme quĂ© ocurriĂł para que estĂ©s en esa jaula, mĂster Tarzán?