Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¿No te gustan los ingleses, sahib? —preguntó Abdullah.
—No me gustan —espetó Krause—. ¿Por qué lo preguntas?
—Este hombre es inglés —respondió el árabe en su tono más untuoso.
—¿Qué querrÃas por traerle aquÃ?
—Los gastos de mi safari, que serÃan muy pocos, y el precio de un león.
—No pides mucho por una captura tan importante —comentó Krause—; ¿a qué se debe eso? Esperaba que quisieras robarme, como de costumbre.
El árabe entornó los ojos y su rostro siniestro parecÃa una máscara de odio.
—Es mi enemigo —dijo.
—¿Cuánto tardarás?
—Menos de un mes —respondió Abdullah.
—Esperaré treinta dÃas —dijo Krause—, y después zarparé, hayas regresado o no.
* * *
—Me aburro —dijo la muchacha—. ¡Mombasa! Lo odio.
—Siempre te estás quejando —gruñó Krause—. No sé por qué diablos te traje conmigo; de todos modos, zarparemos dentro de tres dÃas, tanto si ese árabe ha regresado como si no. Entonces supongo que encontrarás alguna otra cosa de la que quejarte.