El molino de Floss
El molino de Floss Maggie pensó que era imposible que fuera nunca reina de esa gente o que llegara siquiera a comunicarles conocimientos útiles y divertidos. Los hombres parecían estar haciendo preguntas sobre Maggie, porque la miraban y la conversación fue adoptando el tono pacífico que implica curiosidad por un lado y capacidad de satisfacerla por otro.
—Esta preciosa damita ha veníoa vivir con nosotros, ¿no os alegráis? —dijo finalmente la mujer joven en el tono zalamero empleado antes.
—Ajá, m'alegro mucho —contestó el hombre joven, que examinaba el dedal de plata de Maggie y otras cosillas que le habían cogido del bolsito.
Las devolvió todas, excepto el dedal, a la mujer joven con un comentario y ésta volvió a guardarlas inmediatamente en el bolsito de Maggie, mientras los hombres se sentaban y empezaban a atacar el contenido de la olla —un estofado de carne con patatas— que habían sacado del fuego y habían servido en una fuente amarilla.