El molino de Floss
El molino de Floss —Me parece que la señorita s’ ha perdĂo —dijo el gitano—. LlegĂł hasta nuestro campamento, en el camino de Dunlow. Ahora la llevaba hacia donde nos ha dicho que vivĂa. Cae muy lejos, cuando uno se ha pasao todo el dĂa por ahĂ.
—Oh, sĂ, padre. Ha sido muy bueno al traerme a casa —dijo Maggie—. ¡Es un hombre amable y bueno!
—Tenga, buen hombre —dijo el señor Tulliver, tendiĂ©ndole cinco chelines—. Es la mejor acciĂłn que ha hecho nunca. No soportarĂa perder a esta mocita. Venga, sube aquĂ delante.
Se pusieron en marcha y Maggie apoyĂł la cabeza en su padre y siguiĂł llorando.
—¡Vaya! ¡Maggie, qué es eso, qué es eso! ¿Cómo ha sido que has estado vagando por ahà y t’ has perdido?
—Padre —sollozĂł Maggie—. Me he escapado porque era muy desgraciada. Tom se ha enfadado mucho conmigo y no lo podĂa soportar.
—Ea, ea —dijo el señor Tulliver tranquilizándola—. Ni se t’ocurra escaparte de tu padre, ÂżquĂ© harĂa tu padre sin su mocita?
—No, no. Nunca volveré a escaparme, nunca.