El molino de Floss
El molino de Floss —Yap, Yap: Tom viene a casa —cantó mientras Yap brincaba y ladraba a su alrededor, como si dijera que si lo que hacÃa falta era ruido, allà estaba él.
—¡Eh, eh!, señorita, que se va a marear y se va a caer al suelo —gritó Luke, el encargado del molino, un hombre de gran estatura y hombros anchos, de ojos y cabello negro, que contaba cuarenta años de edad; estaba espolvoreado de harina, como si fuera una prÃmula aurÃcula.
Maggie dejó de dar vueltas un momento y dijo, tambaleándose un poco.
—Oh, no, no me mareo. Luke, ¿puedo entrar en el molino contigo?