El molino de Floss
El molino de Floss Entre tanto, Tom no habÃa mostrado ninguna disposición a confiar en nadie más que en sà mismo aunque, con una natural sensibilidad hacia los indicios de opiniones favorables, se alegraba de que su tÃo pasara por su trabajo a hacerle alguna visita y que lo convidara a comer a su casa, aunque generalmente preferÃa rechazar la invitación con el pretexto de que tal vez no fuera puntual. No obstante, un año atrás habÃa sucedido algo que indujo a Tom a poner a prueba la disposición amistosa del tÃo Glegg.