El molino de Floss
El molino de Floss —¡Ca! —exclamó el señor Tulliver, celoso por Maggie—. Es muy menuda, poquita cosa. Pero vistan el palo y parecerá algo. No veo nada admirable en estas mujeres tan pequeñas: parecen insinificantes al lado de un hombre, desproporcionadas. Cuando escogà a mi esposa, la escogà del tamaño adecuado, ni demasiado grande ni demasiado pequeña.
La pobre esposa, con su ajada belleza, sonrió satisfecha.
—Pero no todos los hombres son altos —dijo el señor Pullet, aludiéndose a sà mismo—. Se puede ser un joven bien plantado sin medir seis pies, como el joven caballero Tom, aquà presente.
—Ah, qué más da el tamaño: lo que importa es ser normal —intervino la tÃa Pullet—. Por ejemplo, ahà está el hijo contrahecho del abogado Wakem. Lo he visto hoy mismo en la iglesia. ¡Santo cielo! Pensar en las propiedades que tendrá. … Y dicen que es muy murrioso, que no le gusta estar con la gente. Me pregunto si estará en su sano juicio, porque cuando venimos por el camino no hay vez que no lo encontremos abriéndose paso entre las zarzas y árboles de las Fosas Rojas.