El molino de Floss
El molino de Floss —He venido para caminar contigo hasta las Fosas Rojas y encontrarme allà con Philip Wakem —dijo Tom. La arruga que se le formaba habitualmente en el ceño se hizo más profunda.
Maggie se quedó quieta e indefensa, pálida y helada. Asà pues, de un modo u otro, Tom se habÃa enterado de todo.
—No voy —declaró finalmente, y dio media vuelta.
—SÃ, claro que sÃ. Pero primero quiero hablar contigo. ¿Dónde está padre?
—Ha salido a caballo.
—¿Y madre?
—En el patio, con las gallinas.
—Entonces, ¿puedo entrar sin que me vea? Entraron juntos en la casa.
—Ven aquà —ordenó Tom, pasando al salón. Maggie obedeció y él cerró la puerta.
—Maggie, haz el favor de contarme ahora mismo todo lo que ha sucedido entre Philip Wakem y tú.
—¿Nuestro padre sabe algo? —preguntó Maggie, sin dejar de temblar.
—No —contestó Tom, indignado—. Pero lo sabrá si intentas engañarme de nuevo.
—No deseo engañar a nadie —dijo Maggie, enrojeciendo de enfado al ver que aplicaba esa palabra a su conducta.