El molino de Floss
El molino de Floss —Entonces, cuéntame toda la verdad. —Quizá ya la sabes.
—No importa que la sepa o no. Cuéntame exactamente lo que ha sucedido o nuestro padre se enterará de todo.
—Entonces, te lo contaré por él.
—SÃ, ahora te conviene mostrarte muy afectuosa, pero has despreciado sus sentimientos más poderosos.
—¿Es que tú nunca te equivocas, Tom? —preguntó Maggie con aire desafiante.
—Nunca deliberadamente —contestó Tom, con orgullosa sinceridad—. Pero no tengo nada que decirte: cuéntame qué ha pasado entre Philip Wakem y tú. ¿Cuándo os visteis por primera vez en las Fosas Rojas?
—Hace un año —contestó Maggie con calma. La severidad de Tom le hacÃa mostrarse más desafiante y alejaba la conciencia de haber cometido un error—. No tienes que hacerme más preguntas. Hemos sido amigos un año nos hemos visto y hemos paseado con frecuencia. Y me ha prestado libros.
—¿Eso es todo? —preguntó Tom mirándola fijamente con el ceño fruncido.
Maggie hizo una pausa: entonces, decidida a poner fin al derecho de Tom a acusarla de engaño, añadió con aire altivo: