El molino de Floss
El molino de Floss Asà pues, eran de Tom los pasos que Maggie habÃa oÃdo en las escaleras cuando su necesidad de amor se imponÃa sobre su orgullo, y en aquel momento se preparaba para bajar y pedir perdón con los ojos hinchados y el cabello alborotado. Al menos su padre le acariciarÃa la cabeza y dirÃa: «No importa, mocit». Esta necesidad de amor, este anhelo del corazón actúa como un déspota excelente, con una autoridad similar a esa otra hambre mediante la cual la Naturaleza nos obliga a someternos al yugo y cambiar el rostro del mundo.
Maggie reconoció los pasos de Tom y el corazón empezó a latirle con violencia, con la repentina emoción de la esperanza. Tom se limitó a detenerse en lo alto de la escalera.
—Maggie, tienes que bajar —anunció.
Pero Maggie corrió hacia él y se le colgó del cuello, llorando.
—Tom, por favor, perdóname. No puedo aguantarlo… Me portaré siempre bien… Me acordaré de todo… Quiéreme, por favor, querido Tom.