El molino de Floss
El molino de Floss —¡Rencor ridÃculo! —exclamó Wakem—. ¿A qué te refieres? ¡Maldita sea! ¿Acaso un hombre debe recibir latigazos de un ser zafio y estarle agradecido? Además, ahà está ese diablo orgulloso y frÃo del hijo. Cuando se produjo la venta dijo una palabra que no olvidaré. SerÃa el mejor blanco que conozco para una bala, si el tipo mereciera el gasto.
—No me refiero al resentimiento contra ellos —dijo Philip, que tenÃa sus motivos para compartir el rencor hacia Tom—, aunque no merece la pena albergar deseos de venganza. Me refiero a que esa enemistad se extienda a una muchacha indefensa, demasiado sensata y bondadosa para compartir sus estrechos prejuicios. Ella nunca se ha mezclado con las peleas familiares.
—¿Y qué significa eso? Nadie se pregunta lo que hace una mujer, sino de dónde procede. Es degradante que pienses siquiera en casarte con la hija del viejo Tulliver.
Por primera vez durante todo el diálogo, Philip perdió cierto control de sà mismo y enrojeció de rabia.