El molino de Floss
El molino de Floss —Entonces, ¿no le alegrarÃa que yo conociera esa clase de felicidad padre, que me endulzara la vida? Usted no tendrá en la vida otro lazo tan fuerte como el que empezó hace veintiocho años, cuando se casó con mi madre, y desde entonces no ha hecho más que estrecharlo.
—Ah, Phil. Eres la única persona que conoce lo mejor de mà mismo —exclamó Wakem, tirando la colilla del cigarro y tendiéndole la mano a su hijo—. Debemos mantenernos juntos, si es que somos capaces. Y ahora, ¿qué debo hacer? Baja conmigo y dÃmelo. ¿Debo ir a visitar a esa damisela de ojos oscuros?
Derribado asà el muro que los separaba, Philip pudo hablar libremente con su padre de su relación con los Tulliver, del deseo de que recuperaran el molino y las tierras, y de que, como paso inmediato, quedaran en manos de Guest & Co. Pudo atreverse a ser persuasivo y apremiante, y su padre cedió más rápidamente de lo previsto.
—A mà no me interesa el molino —accedió finalmente con cierta irritación—. Últimamente me ha dado mucha guerra. Sólo quiero que me paguen las mejoras que he introducido. Pero con una condición: no quiero tener tratos directos con el joven Tulliver. Si tú quieres tragártelo por su hermana, allá tú; pero no hay salsa que pueda hacer que yo lo trague.