El molino de Floss
El molino de Floss Lucy llegó temprano para adelantarse a la tía Glegg, ya que deseaba mantener una conversación tranquila con Maggie sobre aquellas noticias maravillosas. Parecía, ¿a que sí?, dijo Lucy con lindo aire entendido, como si todo, incluso las desgracias de los demás (¡pobrecillos!), conspiraran para conseguir que la pobre y querida tía Tulliver, el primo Tom y la arrogante Maggie, si no se obstinaba en lo contrario, fueran tan felices como merecían tras tantas penas. ¡Y pensar que el mismo día en que Tom regresó de Newcastle —el mismísimo día—, el desgraciado de Jetsome, que el señor Wakem había colocado en el molino, montó borracho a caballo y éste lo tiró, y se encontraba ahora en Saint Ogg’s gravemente herido, de manera que Wakem había insistido en que los compradores se hicieran cargo de inmediato del molino! Era terrible para aquel desgraciado joven, pero parecía como si aquel accidente hubiera tenido lugar entonces y no en otro momento para que el primo Tom tuviera cuanto antes la justa recompensa a su conducta ejemplar: papá tenía de él una opinión excelente. Sin duda, la tía Tulliver debía ir al molino y cuidar la casa para Tom: para Lucy aquello suponía una incomodidad doméstica, pero la idea de que la pobre tiíta estuviera de nuevo en su casa y fuera recuperando poco a poco las comodidades…