El molino de Floss

El molino de Floss

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En relación con este último punto, Lucy tenía unos astutos proyectos, y después de que ella y Maggie recorrieran la brillante y peligrosa escalera para pasar al bello salón, donde los mismos rayos de sol parecían más limpios que en cualquier otro lugar, atacó el punto débil del enemigo, como habría hecho cualquier otro gran estratega.

—Tía Pullet —dijo, sentándose en el sofá y arreglando con mimo la cinta de la cofia de la dama—. Quisiera que pensara en la ropa y en los objetos de casa que va a dar a Tom para que se instale; como es usted siempre tan generosa, regala siempre objetos muy bonitos; y si da ejemplo, la tía Glegg lo seguirá.

—Si no puede, querida —declaró la señora Pullet con inusual energía—, porque su ropa no se parece ni de lejos a la mía, eso te lo puedo asegurar. Nunca tendría mi buen gusto, ni que se gastara tanto como yo. Cuadros grandes y animales, como ciervos y zorros, así son todos sus manteles. Ni rombos ni lunares. Pero es una pena que una divida la ropa antes de morir. No pensaba hacerlo, Bessy —prosiguió la señora Pullet, moviendo la cabeza y mirando a su hermana Tulliver—, cuando tú y yo escogimos el doble rombo, el primer lino que hilamos, y el Señor sabrá adónde ha ido a parar tu ropa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker