Middlemarch
Middlemarch Mary advirtió al instante la intención del vicario. Desde aquella tarde memorable nunca se habÃa apartado de su antigua amabilidad pastoral con ella, y sus momentáneas dudas se habÃan apagado por completo. Mary estaba acostumbrada a pensar con bastante rigor en lo que era probable, y si una opinión halagaba su vanidad, lo consideraba una advertencia para rechazarla por ridÃcula, ya que desde muy pequeña habÃa practicado aquella disciplina. Sucedió lo que habÃa previsto: después de pedir a Fred que admirase los muebles del estudio y a ella que hiciera lo mismo con la araña, el señor Farebrother dijo:
—Esperadme aquà un minuto o dos. Voy a buscar un grabado; Fred es lo bastante alto para poder colgarlo donde quiero. No tardaré en volver. —Acto seguido salió de la habitación. Sin embargo, lo primero que Fred le dijo a Mary fue:
—No sirve de nada, haga lo que haga, Mary. No hay duda de que acabarás casándote con Farebrother. —HabÃa algo de rabia en su tono.
—¿Qué quieres decir, Fred? —exclamó Mary muy indignada, ruborizándose intensamente y privada de su habitual rapidez en la réplica.
—Es imposible que no lo comprendas, tú que te das cuenta de todo.