Middlemarch
Middlemarch En el momento en que el señor Vincy manifestaba sus temores por Rosamond, esta no se había planteado aún la posibilidad de hacer el tipo de petición que su padre preveía. No había tenido preocupaciones económicas, aunque su vida doméstica hubiese sido costosa y hubiera estado llena de acontecimientos. Su hijo nació antes de tiempo, y los faldones y los gorros bordados tuvieron que seguir guardados en algún cajón oscuro. Aquella desgracia se atribuía por entero a que Rosamond había insistido en montar a caballo cierto día en que su marido le había pedido que no lo hiciera; si bien no hay que deducir de ello que la señora Lydgate hubiese llegado a enfadarse o a decir de manera descortés a Tertius que haría lo que le apeteciera.