Middlemarch
Middlemarch Las certezas de Will, mientras el coche disminuía de tamaño con la distancia, estaban teñidas de una amargura mucho mayor. Pequeñeces insignificantes bastaban para molestarle en su presente estado de ánimo, ponía su sensibilidad a flor de piel, y la imagen de Dorothea adelantándolo con su coche mientras él caminaba cansinamente, como un pobre diablo deseoso de situarse en un mundo que, de acuerdo con su estado de ánimo, le ofrecía muy pocas cosas apetecibles, hacía que su conducta pareciese una simple cuestión de necesidad, privándolo del apoyo que dan las resoluciones libremente adoptadas. Después de todo, no tenía seguridad de que ella le amase: ¿es que algún hombre podía fingir en ese caso alegrarse de que todo el sufrimiento cayera de su parte?
Will pasó aquella velada con los Lydgate; a la noche siguiente ya se había marchado.