Middlemarch
Middlemarch El señor Hawley regresó a su casa sin ver en los cuidados médicos que Raffles había recibido de Lydgate otra cosa que una prueba a favor de Bulstrode. Pero la noticia de que el joven médico, de repente, estaba en condiciones no solo de evitar el embargo de su casa, sino de pagar todas sus deudas en Middlemarch se extendió con gran rapidez, rodeada de conjeturas y comentarios que le dieron mayor cuerpo e ímpetu, y alcanzó muy pronto los oídos de otras personas además del señor Hawley, que no tardaron en ver una significativa relación entre tan súbita afluencia de dinero y el deseo de Bulstrode de sofocar el escándalo de sus relaciones con Raffles. Que el dinero procedía de Bulstrode se hubiera adivinado infaliblemente aun sin prueba directa de ello; porque ya con anterioridad se hablaba de que ni su suegro ni su propia familia estaban en condiciones de hacer nada por Lydgate, y la prueba directa la proporcionó no solo un empleado del banco, sino la misma señora Bulstrode de manera inocente, al mencionar el préstamo a la señora Plymdale, quien lo transmitió a su nuera, de soltera Sophy Toller, que habló de ello con todo el mundo. El asunto se consideró de carácter tan público y de tanto interés que se necesitaron cenas para alimentarlo y precisamente en aquel momento se hicieron y se aceptaron muchas invitaciones debido a la trascendencia del escándalo; esposas, viudas y señoritas solteras salieron a tomar el té con más frecuencia de lo habitual sin abandonar sus labores; y las reuniones en todos los locales públicos, desde El Dragón Verde hasta la taberna de la señora Dollop, alcanzaron una animación que no se hubiera conseguido con la cuestión de si los lores rechazarían o no la ley de la reforma electoral.