Middlemarch
Middlemarch —Llevan más de un mes preparados, señora, y daré gracias al cielo si la veo por fin con unos cuantos crespones menos —dijo Tantripp, agachándose para encender el fuego—. El luto tiene sus razones, lo digo siempre; y tres pliegues en los bajos de la falda y un bordado muy simple en el sombrero… y si alguien parece un ángel, mi niña, es usted con un bordado de malla… que es lo que se debe hacer en el segundo año. Por lo menos, eso es lo que yo pienso —terminó Tantripp, mirando con preocupación el fuego—; y si alguien se casara conmigo imaginando que iba a llevar dos años por él esos odiosos velos, lo estarÃa engañando su misma vanidad, no tengo más que decir.
—No te preocupes por el fuego, Tan —dijo Dorothea, hablando como en los dÃas de Lausana, aunque en voz muy baja—; tráeme el café.