Middlemarch
Middlemarch Cuando el inmortal Bunyan pinta su cuadro de pasiones desencadenadas pronunciando su veredicto de culpabilidad, ¿quién se compadece de Creyente? Un destino, maravilloso y poco común, que algunos de los más grandes hombres no han alcanzado, es saberse inocente ante una multitud exasperada… tener la seguridad de que se nos denuncia únicamente por el bien que hay en nosotros. Es deplorable en cambio el destino del hombre que no puede considerarse mártir aunque esté seguro de que los hombres que lo han lapidado no son más que la encarnación de las más bajas pasiones… de quien sabe que se le lapida no por profesar la justicia, sino por no ser el hombre que aseguraba ser.