Middlemarch
Middlemarch Para entonces Dorothea había examinado a fondo el inconmensurable depósito de conocimientos que albergaba la mente del señor Casaubon, viendo reflejadas allí, en laberínticas proporciones, todas las cualidades que ella misma aportaba; había hecho partícipe de gran parte de sus propias experiencias al erudito clérigo; y captado, gracias a sus explicaciones, el alcance de su gran obra, de una extensión también laberínticamente atractiva. Porque el señor Casaubon se mostró tan deseoso de instruir como el «afable arcángel» de Milton y, con modales también algo arcangélicos, explicó a Dorothea cómo se había propuesto demostrar (lo que, por supuesto, ya se había intentado con anterioridad, pero nunca con la minuciosidad, imparcialidad en las comparaciones y eficacia en la disposición a que aspiraba él) que todos los sistemas míticos, o fragmentos míticos desgajados, eran degeneraciones de una tradición revelada en sus orígenes. Establecida la doctrina verdadera, el amplio campo de las construcciones míticas, firmemente asentado en ella, resultaba inteligible, más aún, luminoso, con la luz reflejada de sus vínculos con la revelación. Pero recoger aquella gran cosecha de verdades no era trabajo fácil ni rápido. Las notas del señor Casaubon constituían ya una formidable hilera de volúmenes, y la tarea que coronaría tan singular esfuerzo sería condensar aquellos extensos resultados, que aún seguían acumulándose, para obligarlos a ocupar, como la primera cosecha de libros hipocráticos, tan solo una estantería de reducidas dimensiones. Al explicar todo aquello a Dorothea, el señor Casaubon se expresaba casi como lo hubiese hecho con uno de sus colegas en la erudición, porque no disponía de dos maneras distintas de hablar; es cierto que cuando usaba una frase griega o latina daba siempre la traducción inglesa con escrupuloso cuidado, pero eso, probablemente, lo hubiera hecho también en cualquier otro caso. Todo sabio clérigo provinciano está acostumbrado a pensar que las personas que conoce son «señores, caballeros y hombres nobles y muy dignos, pero poco duchos en latín»[8].