Middlemarch
Middlemarch —Creo que estarÃa bien que la vieras antes de que llegue Lydgate —dijo sir James, magnánimamente—. Pero no te quedes mucho rato con ella.
Mientras Celia estuvo ausente, sir James paseó de un lado a otro por la habitación recordando lo que habÃa sentido al principio a raÃz del compromiso matrimonial de Dorothea, y notando cómo revivÃa su indignación ante la indiferencia del señor Brooke. Si Cadwallader… si todos los demás hubiesen opinado como él, quizá se habrÃa impedido el matrimonio. Era una iniquidad permitir que una muchacha tan joven decidiera ciegamente sobre su destino de aquella forma, sin hacer el menor esfuerzo por salvarla. Ya hacÃa tiempo que sir James habÃa dejado de sentirlo por razones personales: su corazón estaba satisfecho con su compromiso con Celia. Su alma caballerosa (¿no figuraba el servicio desinteresado a la mujer entre los timbres de gloria de la antigua caballerÃa?) impidió que aquel amor no correspondido se transformase en amargura, y su muerte produjo dulces aromas… recuerdos incorpóreos que se adherÃan a Dorothea con un efecto sacralizante. Sir James seguirÃa siendo su amigo fraternal, capaz de interpretar sus acciones con generosa y absoluta confianza.