Middlemarch

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Capítulo XLII

¡Cuánto, creo, podría despreciar a este hombre,

si no fuera porque la caridad me lo prohíbe!

Enrique VIII

Una de las primeras visitas profesionales de Lydgate al regresar de su viaje de bodas fue a Lowick Manor, como consecuencia de una carta en la que se solicitaba su presencia.

El señor Casaubon nunca había hecho preguntas al médico sobre la naturaleza de su enfermedad, ni tampoco había manifestado ante Dorothea la menor preocupación por hasta qué punto aquella dolencia podía acortar sus tareas intelectuales o su vida. En esto, como en todo lo demás, rehuía la compasión; y si ya le amargaba la sospecha de ser compadecido por suposiciones o certezas pese a su continuado silencio, la idea de ser compadecido por reconocer con sinceridad una preocupación o un dolor se le hacía de todo punto intolerable. Toda persona orgullosa comparte en cierta medida esa experiencia, y quizá solo sea posible superarla con un sentimiento de confraternización lo bastante profundo para que los esfuerzos en pos del aislamiento parezcan despreciables y mezquinos en lugar de exultantes.


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