Middlemarch
Middlemarch El señor Casaubon no predicó aquella mañana y la situación de Will no se modificó hasta que se dio la bendición y todo el mundo se puso en pie. En Lowick la costumbre era que las «personas importantes» salieran primero. Repentinamente, decidido a romper la parálisis que le dominaba, Will miró directamente al señor Casaubon pero los ojos de su primo estaban fijos en el tirador de la puertecita de acceso al banco, que procedió a abrir, dejando salir a Dorothea y siguiéndola inmediatamente sin levantar la vista. Los ojos de Will habían coincidido con los de Dorothea al abandonar ella el banco, y de nuevo la señora Casaubon le saludó con una inclinación de cabeza, pero esta vez con gesto alterado, como si estuviera conteniendo las lágrimas. Will los siguió, pero ellos continuaron en dirección al pequeño portón que comunicaba el patio de la iglesia con el huerto de Lowick Manor, sin volver nunca la vista atrás.
A Will no le era posible seguirlos y tuvo que regresar tristemente a Middlemarch por el mismo camino que había recorrido con tantas esperanzas por la mañana. Las luces y las sombras habían cambiado por completo, tanto fuera como dentro de él.