Middlemarch
Middlemarch —No, no me niego todavÃa —dijo Dorothea, con voz clara, al afirmarse en su interior la necesidad de conservar la libertad—, pero es demasiado solemne… Creo que no es justo… tener que hacer una promesa cuando ignoro las obligaciones que comporta. Cualquier cosa que me sugiera el afecto la haré sin necesidad de prometer nada.
—Pero utilizarás tu propio discernimiento: yo te pido que sigas el mÃo, y tú te niegas.
—¡No, no! —dijo Dorothea, con voz suplicante, abrumada por temores contradictorios—. ¿No me serÃa posible esperar y reflexionar un poco más? Deseo con toda mi alma hacer lo que te sirva de consuelo; pero no puedo hacer una promesa de manera tan repentina… y menos aún la de hacer algo que todavÃa ignoro.
—¿Quiere eso decir que dudas de la rectitud de mis deseos?
—Concédeme hasta mañana —dijo Dorothea, otra vez con tono suplicante.
—Hasta mañana entonces —dijo el señor Casaubon.