Middlemarch
Middlemarch —Nunca la habĂa visto a usted tan pálida, señora —dijo Tantripp, una mujer de sĂłlida figura que habĂa estado con las hermanas Brooke en Lausana.
—¿Es que he tenido alguna vez buen color, Tantripp? —dijo Dorothea, sonriendo apenas.
—No sé si muy buen color, pero por lo menos estaba usted tan lozana como una rosa. ¿Qué puede esperarse, de todos modos, oliendo siempre esos libros con tapas de cuero? Descanse un poco esta mañana, señora. Déjeme decir que se encuentra enferma y que no puede encerrarse en la biblioteca.
—¡No, no! Tenemos que darnos prisa —dijo Dorothea—. El señor Casaubon quiere verme hoy de manera muy especial.
Al bajar la escalera estaba convencida de que le prometerĂa cumplir sus deseos; pero que serĂa más adelante durante el dĂa… no en aquel mismo momento.
Cuando Dorothea entrĂł en la biblioteca, el señor Casaubon se volviĂł, apartándose de la mesa donde habĂa estado colocando algunos libros y dijo:
—Te aguardaba, querida. TenĂa la esperanza de ponerme a trabajar en seguida, pero me noto un poco indispuesto, quizá por las excesivas emociones de ayer. Voy a dar un paseo por el jardĂn, aprovechando que hace menos frĂo.
—Me parece muy bien —dijo Dorothea—. Me temo que anoche trabajaste demasiado.