Middlemarch
Middlemarch Las palabras de su criada fueron demasiado para la tensa situación de Dorothea y no pudo contener las lágrimas, sollozando contra el brazo de Tantripp. Muy pronto se repuso, sin embargo, y se dirigió hacia el jardÃn atravesando la puerta de cristal.
—Me gustarÃa que todos los libros de esa biblioteca sirvieran para hacer una catacumba donde meter a tu amo —le dijo Tantripp a Pratt, el mayordomo, al encontrarlo en el comedor. Tantripp habÃa estado en Roma y visitó los monumentos antiguos, como ya sabemos; y siempre insistÃa en llamar al señor Casaubon «tu amo» cuando hablaba con otro de los criados.
Pratt se echó a reÃr. SentÃa mucho afecto por su amo, pero Tantripp le gustaba todavÃa más.